INNOVACIÓN Y CAMBIO EN LAS EMPRESAS
Hoy en día, es posible decir que a las empresas que están ya posicionadas en el mercado les resulta dificultoso enfrentar innovaciones substanciales. Esto es porque las mismas prestan más atención a las demandas de los clientes y haciendo inversiones de alta rentabilidad.
A medida que una empresa progresa, sus aptitudes derivan más de sus procesos: en las empresas ya instituidas, el mercado y los valores puntualizan lo que la misma puede lograr, es decir, cuál es su huella real en el entorno de los negocios.
Al ser los recursos material, en la actualidad, más dúctiles y adaptables que el desarrollo o los valores, las pequeñas compañías tienden a reconocer mejor las transformaciones contextuales que las grandes empresas.
¿Por qué resulta tan complicado innovar?
Porque las empresas se concentran mucho en escuchar a sus clientes lo cual no quiere decir que no sea normal ni acertado, pero no se dan cuenta de que ellos no son de gran provecho a la hora de enfrentar una innovación asentada en tecnologías de disolución, que proporcione espacio para la creación de nuevos productos y servicios. La causa más importante que lleva a las empresas a no invertir en cierto tipo de tecnologías reside en la oferta quebrantada de considerables ganancias a corto plazo.
¿Para innovar se tiene necesariamente que cambiar?
Para la compañía ya instituida, el cambio es mucho más difícil, ya que en cierta forma, los clientes quieren un mejor producto, pero cada vez que alguno plantea un cambio substancial cuya consecuencia es incierta, se debe luchar contra ofertas que se confinan a mejorarlo e implican los mismos recursos y la misma inversión pero crean más ingresos. Por eso, es necesario comprender y pensar metódicamente en términos de las aptitudes de creación de valor que tiene la empresa al momento de forjar nuevos conocimientos.
Tres componentes claves para el cambio
La capacidad de adecuarse al cambio de una empresa obedece a tres componentes claves: sus recursos, sus procesos y sus valores. Primeramente se debe pensar cuáles son los recursos necesarios para el éxito, después, preguntarse si los procesos por los cuales los empleados se instruyeron para realizar su labor son los adecuados y por último, si se solicita la incubación de nuevos procesos.